jueves, 4 de noviembre de 2010

El tractor es algo, que no hay palabras para alabarlo...

¿Qué dijo el camarada Lenin antes de morir? Sólo en el koljós puede el campesino salvarse de la miseria. De lo contrario, está perdido. El kulak-vampiro le sorberá hasta el tuétano. En alianza con los obreros, los koljosianos acabarán con todos los kulaks y enemigos.

El tractor es algo, que no hay palabras para alabarlo, pero ustedes, los obreros, han hecho pocos, ¡y por esto sí los censuramos! Arar con bueyes, es arrear con una mano y enjugarse las lágrimas con la otra, y eso puede hacerse sin necesidad del koljós.

Habíamos conquistado el Poder, ¿y luego qué? Vuelta a lo viejo, marcha tras el arado, si es que tienes algo para engancharlo a él. ¿Y el que no tenga nada, qué? ¿A pedir limosna a la puerta de la iglesia? ¿Era eso lo que había mandado la revolución el año diez y ocho?

Capítulo IV. Campor Roturados. Mijail Shojolov

5 comentarios:

  1. ¡Yo iré al koljós con mil amores!!!

    ... Pido que se me admita en el koljós con mis bienes (colección de discos!!!). Pido que se me dé entrada en la nueva vida, por estar completametne de acuerdo con ella.

    Nuri

    Nota: el tractor necesita ancho campo

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  2. Nuri...tenemos un problema kulakvampiresco aun en el "moderno" siglo XXI. Ja, ¡modernos mis calcetines!

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  3. Síiiiiiiiiiiiiii, ¡modernos!!!

    Águila, pero estaba pensando que tenemos la ventaja de que a esos kulakvampiros los conocemos muuuuuuuuuy bien, así que no nos pueden engañar.

    Tendremos que organizar alguna reunión del Comité, para organizarnos ...

    Bueno, voy a recoger los discos, y los llevo para el koljós, para que todo el mundo los disfrute.

    Muack.

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  4. LA FÁBRICA-CIUDAD

    (En una ciudad de la U.R.S.S. -Jarko- he asistido al nacimiento multiplicado, numeroso, rápido del tractor.)



    Son al principio un leve proyecto sobre planos,
    propósitos, palabras, papel, la nada apenas,
    esos graves tractores que parten de las manos
    como ganaderías sólidas con cadenas.

    Se congregan metales de zonas diferentes,
    prueban su calidad los finos probadores,
    la fundición, la forja, los metálicos dientes.
    Y empieza el nacimiento veloz de los tractores.

    Id conmigo a la fábrica-ciudad: venid, que quiero
    contemplar con los pueblos las creaciones violentas,
    la gestación del aire y el parto del acero,
    el hijo de las manos y de las herramientas.

    La fábrica se halla guardada por las flores,
    los niños, los cristales, en dirección al día.
    Dentro de ella son leves trabajos y sudores,
    porque la libertad puso allí la alegría.

    Fragor de acero herido, resoplidos brutales,
    hierro latente, hierro candente, torturado,
    trepidando, piafando, rodando en espirales,
    en ruedas, en motores, caballo huracanado.

    Una visión de hierro, de fortaleza innata,
    un clamor de metales probados, perseguidos,
    mientras de nave en nave se encabrita y desata
    con dólmenes de espuma, chispazos y rugidos.

    Es como una extensión de furias que contienen
    su casco apasionado sobre desfiladeros,
    contra muros en donde se gastan, van y vienen,
    con llamas de sudor y grasa los obreros.

    Chimeneas de humo largo, sordo, grasiento,
    acosan con penumbras a la creadora masa,
    a la generadora masa que obra el portento,
    el tractor con los dientes sepultados en grasa.

    Hornos de fogonazos: perspectivas de lumbre.
    Irradian los carbones como el sol, las calderas,
    los lavaderos donde llega la muchedumbre
    del metal que retiene sus escorias primeras.

    Laten motores como del agua poseídos,
    hélices submarinas, martillos, campanarios,
    correas, ejes, chapas. Y se oyen estallidos,
    choques de terremotos, rumores planetarios.

    Leones de azabache, por estas naves grises,
    selvas civilizadas, calenturientas moles,
    relucen los obreros de todos los países
    como si trabajaran en la creación de soles.

    En la sección de fraguas y sonidos más puros,
    se hacen más consistentes las domadas fierezas.
    Y el tornillo penetra como un sexo seguro,
    tenaz, uniendo partes, desarrollando piezas.

    Veloz de mano en mano, crece el tractor y pasa
    a ser un movimiento de titán laborioso,
    un colosal anhelo de hacer la espiga rasa,
    fértiles los baldíos, dilatado el reposo.

    Ya va a llegar el día feliz sobre la frente
    de los trabajadores: aquel día profundo
    en que sea el minuto jornada suficiente
    para hacer un tractor capaz de arar el mundo.

    Ya despliega el vigor su piel generadora,
    su central de energías, sus titánicos rastros.
    Y los hombres se entregan a la función creadora
    con la seguridad suprema de los astros.

    La fábrica-ciudad estalla en su armonía
    mecánica de brazos y aceros impulsores.
    Y a un grito de sirenas, arroja sobre el día,
    en un grandioso parto, raudales de tractores.

    (MIGUEL HERNÁNDEZ)

    Tere

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  5. ¡la libertad puso allí la alegría!

    ¡como si trabajaran en la creación de soles!

    Está claro que en estos días los hombres se entregan por nada, sin esa "seguridad suprema de los astros".

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