miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cómo gasto mi blog recordándote Sócrates

El libro "El pensamiento de Sócrates", de Taylor A.E., me parece una correcta síntesis de la vida de ese ateniense de todas las épocas y de todos los lugares.

De ahí todo lo escrito acá, en su blog menos consentido. Ay, el peor blog de la Tierra, y de Saturno también. Ay.

Así, más o menos, fueron las palabras que acusaban a Sócrates:

"Melito, hijo de Melito, del deme de Pita, acusa a Sócrates, hijo de Sofronisco, del deme de Alopece, bajo juramento, al siguiente efecto.
Sócrates es culpable:
1) De no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado, sino de introducir prácticas religiosas nuevas y poco conocidas,
2) Y además, de corromper a los jóvenes.
El acusador público pide la pena de muerte."

Sócrates sostiene que, a falta de algo más específico que alegar contra él, la parte acusadora acude a todas las acusaciones contra los "hombres de ingenio" y los científicos como clase aparte.

Los hombres de ciencia jonios se habían acostumbrado a emplear el nombre "dios" en forma totalmente arreligiosa, atribuyéndolo al "aire" o cualquier otra cosa que, en su concepto, fuera la sustancia eterna de la que esán hechas las cosas.

Aristófanes(en "Las Nubes"), puso en boca de Sócrates que Zeus había sido destronado por una serie de divinidades: Caos, Respiración, Éter, las Nubes.

Lo que molestaba a todos era que los comentarios de Sócrates producían una actitud crítica hacia la democracia y sus instituciones entre los jóvenes más brillantes. Ese era todo el problema, pero sus acusadores no lo exponían claramente.

Para sorpresa general, Sócrates no marchó al destierro voluntario, sino que permaneció tranquilo en Atenas en espera del juicio, que ocurrió en la primavera a principios del verano del año 399.

Sócrates no cortejaba a la muerte; por el contrario, decía llanamente que deseaba una absolución honrosa, siempre que el fallo no comprometiera la verdad.

Sócrates provocó deliberadamente al tribunal a condenarlo con objeto de "desaparecer" sin sufrir la ceguera y demás achaques de la vejez.

Sócrates no hizo ningún intento por evitar el odio que siempre acompañaba a una reputación de "inteligencia" superior en aquella suspicaz democracia ateniense.

Hizo centro de su defensa la historia del oráculo que lo había declarado el más sabio de los hombres, y describió sin la menor reserva cómo aquello lo había llevado a tomar sobre sí la tarea de convencer a unos y a otros, de los principales hombres de Estado hacia abajo, de su vergonzosa ignorancia del único género de conocimiento que es de suprema importancia: el saber cómo hacer el alma de uno mismo y las de los demás tan buenas como sea posible. Desistir de su misión, decía él, sería rebelarse contra Dios, y el tribunal podía estar seguro de que sólo la muerte lo apartaría de proseguirle.

280 votaron en contra de Sócrates, 220 por la absolución.

Sócrates debía proponer una pena alternativa. Pero Sócrates sostenía que su misión había sido un don benéfico que Dios había ofrecido a Atenas, y que sus méritos quedarían debidamente reconocidos confiriéndole el privilegio excepcional, otorgado a los vencedores en los juegos olimpicos, a generales eminentes y a unos cuantos más, de un asiento vitalicio en la mesa pública del Pritaneo(donde se reunían y eran mantenidos a costa del Estado los cincuenta senadores de Atenas).

Los jurados se irritaron por aquel discurso, y votaron la pena de muerte. Ahora fue 360 contra 140.

La muerte no es sino un reposo ininterrumpido y, por lo tanto no es algo malo.

La muerte para un hombre bueno es la entrada en una vida mejor. Sócrates puede esperar la felicidad de presentarse ante los virtuosos y omnisapientes jueces de los muertos, que seguramente cambiarán la desición de un tribunal mal informado y lleno de prejuicios, y de reunirse con los hombres famosos de otros tiempos, incluyendo algunos que, como él, fueron injustamente condenados por sus contemporáneos; y no habrá allí peligro alguno de que esta su vocación de interrogar a la sociedad que lo rodea, quede cortada por otra sentencia de muerte.

Un mes esperó Sócrates encerrado, esperando a que la nave sagrada regresara del santuario de Apolo, en Delos.
Sócrates se divirtió haciendo versos por primera vez en su vida. Puso en verso fábulas de Esopo.
Explicaba esto diciendo que durante toda su vida había sido perseguido por un sueño en el que se le ordenaba "practicar la música".
Hasta entonces había supuesto que el significado de aquel mandato era que debía trabajar en su "misión", ya que "la filosofía es la música más verdadera".
Pero como el sueño se repitió durante su prisión, cuando ya no podía ejercer su misión, la piedad le ordenaba cumplir sus indicaciones en su sentido literal.

Sus últimas horas las pasó con Jantipa y su hijo más pequeño. Comportándose con su usual talante festivo, habló extensamente de su convicción de que la muerte para un hombre bueno, es el alza del telón en un drama para el que la vida entera ha servido de ensayo: el drama de la liberación del alma del confinamiento en el "corral o pocilga" del cuerpo, donde entonces estuvo aprisionada por Dios según sus propios buenos fines, y la entrada a la mayor libertad de un mundo mejor, donde la verdad y la realidad serán conocidas cara a cara, en vez de ser atisbadas "a través de las celosías de los ojos".

"Hacer al alma tan buena como sea posible", es la larga preparación para la bienaventurada libertad. Como él había consagrado su propia vida a este servicio de Dios-decía-, podría mirar hacia adelante, con confianza en el porvenir que le esperaba.
El alma, dijo su último día, no nace con el cuerpo ni muere con él, sino que participa en la eternidad de la Verdad y la Bondad que conoce.

1 comentario:

  1. ¿Acaso nuestras almas, incluída la tuya Águila, no haran acto de presencia el 10 de septiembre en La Habana???

    LAS SIRENAS

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.